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viernes, 27 de julio de 2007

El Patio de Leo (Madrid)

Son muchos los comentarios, casi siempre buenos, que se leen y escuchan sobre El Patio de Leo desde que Alfonso lo abrió en 2004, así que hoy intentaré añadir a todos ellos mi opinión. Anoche, cena familiar en esta casa, situada en las inmediaciones de Arturo Soria. Al acceder al restaurante nos encontramos una pequeña barra y la recepción. También una zona en la que en caso de necesidad pueden llegar a habilitar una pequeña mesa. De frente, las escaleras que bajan al comedor. Pequeño, quizás un poco frío.

Nos decidimos por el pequeño menú degustación (€ 42). Hay otro más largo, pero "operación bikini" obliga... Como "amuse gueles" unos chips de plátano macho y yuca (exquisitos), un chupito de crema de maíz y calabaza (algo sosa) y una sorprendente croqueta de morcilla y espinacas, muy suave y cremosa.

El menú empezó con un Salmorejo de cerezas con helado de tónica y parrochita marinada. A mi me resultó rico, diferente, refrescante en esta época veraniega. Mis acompañantes lo encontraron un poco empalagoso, demasiado intenso... Seguimos con un clásico de Alfonso, el huevo pochado en manteca colorá, patata ahumada y tocino. ¡Una bomba! Sabores bastante logrados, pero excesivamente pesado y grasiento, especialmente para cenar. El exceso de ajo predomina sobre cualquier otro sabor, lo que no siempre resulta agradable.

En el apartado de platos principales, un pescado y un ave. Confit de atún con migas de aceituna aliñada y anchoa espumada. El atún, cocido en aceite, queda suave, esponjoso y jugoso. Muy rico. El complemento de miga de aceituna y espuma de anchoa le aporta una nota agradable y divertida. Un plato muy buen resuelto. Como ave, suprema de pintada de Bresse con escabeche de vainilla, Celeriac en puré y ensalada de trufa. El punto de la pintada excelente. Muy sabrosa y tierna.

A la hora del postre, pedimos un pequeño cambio sobre el menú estándar, ya que queríamos probar el nuevo postre estrella de Alfonso. Y desde luego mereció la pena. Se trata de una torre de caramelo de naranja rellena de mousse de café, con fresitas del bosque y tofe de miel de azahar y plátano. Una exquisitez. Se trata de uno de los mejores postres que hemos probado últimamente.

A destacar el servicio. Muy atento y profesional. La presentación de los platos inmaculada y todos los servicios diferentes y muy vistosos. La carta de vinos algo corta en mi opinión, y sin aportar muchas novedades. Tuvimos mala suerte. Nuestras dos primeras opciones no las tenían disponibles, así que acabamos pidiendo un Pétalos 2005, del Bierzo - Álvaro Palacios (€ 29). No tiene nada que ver con el de 2004. Este está aún sin hacer.

La factura subió hasta los € 65 con el vino, agua, pan e IVA. Puede que salgas con la sensación de que es un poquito caro, pero a la mayoría merecerá la pena. Creo que se trata de un restaurante prometedor, que merece la pena conocer, pero al que sin lugar a dudas aún le quedan muchas cosas por decir...

Datos prácticos:
EL PATIO DE LEO
c/ Agastia, 122
28043 Madrid
Tel.: 91 519 67 40

Precio medio: € 60
No accesible silla de ruedas (hay bastantes escaleras). Sin embargo, sí pueden habilitar una pequeña mesa en la planta de arriba, a la que se accede sorteando "sólo" tres escalones en la entrada al local.

viernes, 6 de julio de 2007

Por fin (Madrid)

Interesante fórmula la que tiene este restaurante escondido en un esquinazo al final de General Orgaz. Lo primero que llama la atención al llegar es precisamente eso, el emplazamiento, la disposición de la barra, y el ambiente de "colegueo que se huele nada más entrar en el local".

Nos recibe Pepe Qüenco (miembro de la familia que lanzó aquella gran casa que fue el Qüenco, desgraciadamente bastante desmejorado en los últimos tiempos). Amable y sonriente, ayer sin voz aún padeciendo el exceso de celebraciones por su querido Sevilla F.C., Pepe saluda a la gente por su nombre, y acompaña a los clientes a un diminuto, pero acogedor comedor. Sin duda, la clientela es fija, eminentemente joven.

La fórmula de este restaurante, como decía, es bien interesante. Aperitivos, entrantes, postre y vino, fijos. Larga selección de segundos para elegir. Precio, también fijo. Por unos muy razonables € 35 (todo incluído) nos da de cenar.

Al llegar a la mesa, los aperitivos y el vino se encuentran esperándonos. Un juego visual, que sin embargo creo hace perder a los alimentos algunas de sus cualidades, especialmente ahora en verano. Como aperitivos, unas gambas en gabardina (el rebozado un poco tosco), un foie mi-cuit (elegante, refinado, aunque pierde un poco de consistencia al permanecer en la mesa esperando a los comensales) y salmorejo (quizá demasiado espeso, pero rico).

Como entrantes, un clásico tierra, mar y aire (espárragos verdes, huevos rotos y gambas) muy conjuntado, y con tanto los huevos como los trigueros perfectos de punto (ambas cosas difíciles hoy en día). Seguimos con unas croquetas de centollo, acompañadas de una salsa de cava y naranja, que sin embargo Pepe nos desaconseja (curioso, ¿cómo acompaña el plato entonces?). Las croquetas muy bien de fritura, aunque puede que en exceso saladas. Pese a la recomendación de Pepe, sí las prueba con la salsa, que suaviza su sabor, y mejoran bastante. Como último entrante, un risotto con setas. Decepcionante. Fuera de punto (pasado), demasiado cremoso, el grano de arroz deshecho,... Curiosamente el conjunto aportaba en paladar un resultado aceptable, pero nada tiene que ver con un risotto.

En el apartado de platos principales, probamos un atún rojo de almadraba, con arroz blanco, y una merluza rebozada en salsa de txipirones. El atún rico, aunque demasiado hecho (pese a haberlo pedido expresamente "casi crudo"). La merluza, más floja que el atún, aunque a estos precios no se puede esperar una merluza de pintxo. Tendrían que trabajar eso sí, un poco más la salsa de txipirones, demasiado artificial.

De postre, un refrescante conjunto de sorbetes caseros (regaliz, trufa, mandarina, etc.) con frutas de temporada. Como vino, un correcto Rioja crianza 2001, Antigua Usanza.

Pepe, quién se encarga casi en solitario de la sala, nos obsequia, como hace siempre, con unos licores, e incluso nos pone las copas que le solicitamos.

En resumen, Por Fin demuestra que se puede comer correctamente (incluso bastante bien) por un precio muy muy ajustado. ¡Volveremos!


Datos prácticos:
POR FIN
Calle General Orgaz, 9
Madrid (Tetuán)
Tel.: 91 571 81 70

Precio medio: € 35 (menú cerrado, IVA y bebidas incluidas)
Accesible silla de ruedas
Cierra domingo y lunes.

martes, 3 de julio de 2007

Dominus (Madrid)

El otro día organicé una comida de trabajo en Dominus, deseoso de conocer este “restaurante – vinoteca" que Carlos Maribona (afamado crítico gastronómico de ABC) situaba hace poco entre sus restaurantes favoritos de Madrid. Cada vez más, empiezo a pensar en la existencia de algún tipo de intereses ocultos detrás de las crónicas y opiniones de los críticos profesionales, y mi visita a Dominus me reafirmó en ello. Precisamente esta ha sido una de las razones para poner en marcha este blog. Podéis estar o no de acuerdo con mis opiniones, pero al menos sí os queda la tranquilidad que no me gano la vida con ello, y por tanto os garantizo mi honestidad y buena fe. De todas formas, la lista de favoritos de Caros Maribona que comentaba, será objeto de un comentario en breve por mi parte. Puedo coincidir con él en algunos puestos, pero la aparición de La Broche como nº 2 y Europa Decó en el 3 chirrían tanto que ya de por sí invalidan la credibilidad de dicha clasificación.

Pero no quiero perderme con esos temas, así que paso a centrarme en Dominus, que es lo que hoy nos ocupa. El local, gerenciado por algunos “ex - Cuenllas” , se encuentra en una pequeña bocacalle de Guzmán el Bueno, casi a la altura de Alberto Aguilera. Nos sentaron en un pequeño privado, bastante agradable, aunque las paredes no llegan hasta el techo, y el ruido de la sala (excesivo) penetra con facilidad.
Ante la sugerencia del maître nos decantamos por el menú degustación. El servicio, soberbio, incluso irritante, demostrando una amabilidad forzada y poco natural, que llega a hacerse desagradable. También nos dejamos aconsejar en el vino. Nos sirvieron un Ribera del Duero, María Alonso del Yerro, que pese a haber obtenido 98 puntos por Parker, claramente mostró no estar en punto óptimo de consumo: demasiado ácido, sin hacer, exceso de taninos,…

Empezamos con un gazpacho, ni bueno ni malo, que simplemente nos dejó indiferentes. Proseguimos con una ensalada de queso de cabra con alcachofas y pimientos rojos asados. Buena la presentación, y en líneas generales plato bastante equilibrado, aunque dejaba una sensación un poco de pesadez al final.

Seguimos con unos chipirones dorados en plancha con salsa de trufas sobre puré de patatas y foie mi-cuit. ¡Una bomba! Sabores dispersos y mezclas arriesgadas. Los chipirones tirando a chiclosos, y todo “nadando” en varias salsas. Aún en el apartado de los pescados, un atún rojo de almadraba, con crema de cebolleta, puré de batata y vinagreta de pimientos con Modena. El atún demasiado hecho, y una vez más abusando de salsas que no aportan nada al plato sino todo lo contrario.

Como carne, una carrillera de cerdo ibérico al aroma de manzanilla y acompañado de judías, estas últimas duras, correosas e incomibles. Como no podía ser de otra forma, todo nadaba de nuevo en salsa. La carrillera en si misma estaba rica, pero el resto del plato era para devolverlo. Aún así, todos coincidimos que había sido lo más decente de la comida hasta ese momento.

Como colofón, una sopa caliente de fresón con reducción de nata y helado de aceite de oliva. El helado rico, aunque sin llegar a sorprender. La sopa de fresón, probablemente estaría mejor fría, ya que templada no acaba de caer bien en boca. Con el café unas mignardises, que sin duda fueron lo mejor de la comida.

Muy decepcionante este encuentro con el trabajo del Chef Antonio del Álamo. Nos costará darle una segunda oportunidad. Para colmo, los tres comensales estábamos al día siguiente con indigestión.

Datos prácticos:
DOMINUS
Francisco de Ricci, 15
28015 Madrid
Tel.: 91 540 10 09

Precio medio: € 60
Accesible silla de ruedas

viernes, 22 de junio de 2007

Casa Benigna (Madrid)

Casa Benigna es un curioso restaurante, que además ha sabido corregir sus errores cometidos en el pasado, y volver a irrumpir con fuerza en el panorama gastronómico madrileño, alcanzando la categoría de clásico. El restaurante es una extensión de su propietario, el polifacético chef Norberto Jorge quién, en compañía de su madre, Doña Carmen, que ejerce las funciones de anfitriona, intentan hacer sentir a los comensales como en casa. Por lo demás la fórmula es sencilla: buen servicio, amabilidad a raudales, materia prima de la mejor calidad, y un esfuerzo por mantener precios competitivos. Además, la comodidad de disponer de un parking gratuito en la puerta de al lado.

Cuando llegamos a Casa Benigna, tras saludar a Dña. Carmen, y ocupar nuestra mesa, Norberto nos hará una pequeña cata de aceites, españoles e italianos, de su propia línea. Aceites de la máxima calidad que además ofrece a la venta. Los acompaña de diversos panes. Mientras, empezamos a estudiar la carta, que no ofrece muchas complicaciones. Como entrantes, un magnífico atún de almadraba o una ensalada de tomate y bacalao al aceite de ñoras muy recomendable.

Como platos principales, la estrella son las patellas. Se trata de una especie de paella, de cobre, sin asas, que conserva muy bien el calor, y por tanto permite acabar los platos en la mesa, delante del cliente. En las patellas, Norberto nos preparará pastas frescas, tortillas, y los reyes de la casa, los arroces. Las tortillas llegan a la mesa casi sin hacer, y acabarán de cuajarse mientras el comensal la va comiendo. Sinceramente, es una fórmula más de diseño que práctica, ya que la tortilla acaba haciéndose demasiado y los últimos bocados son muy secos. La pasta fresca es mejor opción. Pastas de calidad, adornadas con unos pequeños bocados de ingredientes selectos: carne de Kobe, bogavante, etc. La patella permanece cerrada un par de minutos con una campana, y así termina de hacerse.

Los arroces como decía son la estrella de Casa Benigna. Siguiendo ese método tan valenciano de cubrir la patella sólo con una finísima capa de arroz, que permite que éste se quede muy crujiente y sabroso. Aquí, como en el resto de platos en patella, Norberto recomienda “cucharada y paso atrás”, es decir, que todos los comensales coman directamente del centro, para que no se enfríe la comida ni pierda sus propiedades.

Entre los postres, destaca una buena tarta tatin, y sorbetes caseros. La carta de vinos es pequeña, y con referencias poco habituales. Los precios moderados.

Ahora que Norberto ha recuperado la cordura, y ha abandonado aquella época de precios estratosféricos, Casa Benigna es una gran casa de comidas; una apuesta segura en la que siempre nos obsequiarán con productos de calidad, mucho amor, y un derroche de simpatía.

Datos prácticos:
CASA BENIGNA
c/ Benigno Soto, 9
28002 Madrid
Tel.: 91 413 33 56

Precio medio: € 48
Accesible silla de ruedas