jueves, 14 de junio de 2007

El Dry Martini, por Fernando Martin-Laborda

Fernando Martín-Laborda, socio, amigo, excelso gourmet y el mayor barman aficionado que he conocido en mi vida, nos va a obsequiar a partir de ahora con sus mejores mezclas y consejos.


GINEBRA

DRY MARTINI

8 Cl. Ginebra (Plymouth, Bombay Sapphire)
½ Cl. Vermut Blanco Extra Seco (Noilly Prat)
Preparación: Vaso mezclador

Llenar el vaso mezclador con abundante hielo (limpio y de primera calidad); añadir el vermut y remover de arriba abajo y en sentido contrario al de las agujas del reloj; vaciar completamente el vermut del vaso mezclador para que éste únicamente quede impregnado con el aroma; a continuación añadir la ginebra y remover enérgicamente simulando el movimiento de “escarbar” en la arena, igualmente arriba abajo y en sentido contrario al de las agujas del reloj; servir en la copa cáliz colando la mezcla a través de un colador de gusano.

La clave de este coctél es servirlo y beberlo muy frío, por ello es conveniente que los ingredientes estén fríos antes de mezclarlos para ello se recomienda que estos “duerman” en la nevera. Asimismo, el vaso mezclador, sino esta ya frío por el uso, debe enfriarse con anterioridad a la preparación al igual que debe hacerse con las copas.

Debido a que la temperatura es esencial es conveniente haber “trabajado” los hielos antes de preparar el coctél para que a la hora de batirlos sean de mediano tamaño y amoldados a la forma del vaso lo que permitirá batir y enfriar mejor la ginebra. De esta manera comprobamos que tras hacer dos o tres cócteles estos van saliendo mejor pues tenemos una base de hielos trabajados en el fondo que son manejables y de tamaño medio para poder mover bien la cucharilla y permitir que una mayor parte de la ginebra este en contacto con el hielo.

El Bulli (Roses, Gerona)


La semana pasada, durante la celebración del Gran Premio de F1 en Barcelona, estuve cenando en El Bulli, en Roses. Os preguntaréis cómo conseguí la mesa. No fui yo, ¡¡¡¡fue mi novia que me organizó la sorpresa por mi cumpleaños!!!! Ahora entraremos en detalles, pero os puedo adelantar que resultó ser la experiencia gastronómica más maravillosa que he tenido en toda mi vida. Pese a todo lo que se ha escrito sobre El Bulli, las miles de copias e imitaciones con que nos castigan cocineros de medio mundo, y mi poca fe en lo que allí hacían, sí reconozco que me hacía mucha ilusión experimentarlo en primera persona.

Al Bulli se llega por una angosta y virada carretera que discurre junto al mar. Un peligroso acantilado acecha a escasos centímetros del borde de la carretera. Cuando por fin se llega a Cala Montjoi, enseguida se comprende que el viaje ha merecido la pena. Una tranquila y escondida cala de la Costa Brava da asilo al que los que lo han probado defienden como "el mejor restaurante del mundo".

Intentaré brevemente describiros el menú con que nos obsequieron. Y digo que intentaré que sea breve, pues fueron más de 30 platos en total. Empezamos con un delicioso cosmopolitan-mallow (la versión Adriá del famoso cóctel) que ayuda a refrescarse y abre el apetito para el suculento banquete que sigue. El cosmopolitan venía acompañado de unas aceitunas obtenidas mediante la técnica de la esferificación inversa. La esferificación o formación de esferas de alginato, es una técnica de cocina creativa desarrollada por Ferrán Adriá.

El proceso es bastante fácil. Se coge el líquido a esferificar (espárragos, manzana, melón...) y se le añade el alginato, mezclándolo muy bien se deja reposar en nevera durante un periodo no inferior a 3 horas. A parte se prepara una solución de agua y cloruro de calcio. A continuación se echan gotas de la mezcla que manteníamos en la nevera, se deja de 3 a 4 minutos y se mantienen en un recipiente adecuado hasta su uso. En este caso, el proceso es el inverso, ya que partimos de las esferas para obtener una aceituna de suave textura y líquida por dentro. ¡¡¡Una maravilla!!! Me alimentaría todos los días de esas aceitunas.

Seguimos con unas deliciosas pepitas de oro, llenas de sabor y que transmitían infinidad de sensaciones de placer a nuestra boca. A continuación, unos profiteroles y merengue de remolacha y yogur, y unas castañas saladas. Tras ellas, una teja de maíz y plátano, que resultó ser una delicia.

Siguieron una de las novedades técnicas de esta temporada: los bizcochos salados. En esta ocasión se trataba de uno de pistachos con mousse de leche ácida y otro de sésamo y miso. Exquisitos ambos.

Acto seguido llegaron a la mesa cuatro impresionantes mariposas heladas de horchata, que preparaban la boca para los platos que iba a seguir a continuación. Bombones de mandarina, cacahuete y curri; fondant de frambuesas con wasabi y vinagre de frambuesa y una almendra cristal con almendruco en su jugo (curiosa composición con la almendra en sus dos versiones, tanto en flor como tostada) y yogur de ostras con Pedro Ximenez en tempura (que yo, alérgico a las ostras, sabiamente cambié por unas deliciosas trufas heladas de zanahoria) fueron llenando nuestros estómagos.

Tras ello, uno de los platos estrella de la noche: judión con panceta reserva Joselito y ajo negro. Nada era lo que parecía, pero todo sabía a lo que debía. ¡Qué impresionante! Merengue de tónica Fever-Trees (esa que precisamente se ha puesto ahora de moda para el gin-tonica gracias a Adriá). Proseguimos con cáscara de gorgonzola, nueces, apio y manzana, y después anchoa con jamón, aire de estevia y almendra tostada. A continuación, ñoquis de polenta.

A partir de este punto, ya no podíamos comer nada. Estábamos absolutamente llenos. Eso probablemente influyó en que los siguientes cuatro platos no nos convenciaran a ninguno de los dos. Espárragos en diferentes cocciones (5 llemas de espárrago cocinadas de muy dispares formas), navajas en escabeche, won-tun líquido y guisantes con puré de alcachofas.

Una vez repuestos ya y recuperado en parte el apetito, emprendimos la travesía final del banquete. Buey de mar de Marrakech, caracoles a la llauna y virutas.

En el apartado postres, la lana 2007 (exquisita sorpresa), frutas escarchadas y violeta (una preciosa recreación de un jardín primaveral, con flores de todos los colores, comestibles).

Nos trasladamos a la terraza junto al mar, dónde me sorprendieron con un gigante pastel de cumpleaños de cartón, con sus velas y todo, y las correspondientes mignardises.

Como vinos (comprenderéis que nos emborrachamos), una botella de Manzanilla Solear, otra de La Cima 2003 (Dominio do Bibei, Ribeira Sacra) y por último otra de Clos Figueres 2000 (Priorat). La Cima, la mejor sorpresa vinícola del año. No dejéis de probarlo, si tenéis la suerte de conseguir alguna de las pocas botellas que quedan disponibles de la cosecha de 2003.

Es dífícil relatar y transmitir sobre el papel lo que supuso la cena en El Bulli. No quiero perderme en adjetivos (la lista, para hacer justicia, sería interminable). Por eso, me dejaréis que simplemente os diga que soy un converso. El Bulli es sin duda el mejor restaurante del mundo. El servicio, también el mejor del mundo.

Datos prácticos:
El Bulli
Cala Montjoi, Roses
Gerona
Tel. 972 15 04 57
Precio medio: € 250
Accesible silla de ruedas

Sudestada (Madrid)

El otro día por recabé en un pequeño local del madrileño barrio de Chamberí, del que ya me venía hablando hace tiempo uno de mis "descubridores". Se trata de Sudestada, un minúsculo restaurante de cocina asiática.

Sudestada no es un asiático al uso. Es más bien una casa de comida casera, que nos hace viajar a Vietnam sin necesidad de volar hasta allí. El local cuenta con una pequeña barra que acoge a 6 comensales, y 5 mesas mal repartidas en que se amontonan los clientes. La primera sorpresa nos la llevamos al no conseguir una reserva para un lunes por la noche, así que tuvimos que hacernos un hueco en la barra, bastante cómoda, eso sí.

La carta es muy corta. Tan sólo consta de unos 12 platos, a priori muy básicos todos ellos, y completada con una sugerente carta de cócteles. Seguimos las recomendaciones de un encantador camarero argentino, y aguardamos impacientes. Empezamos con unos dumplings, con salsa de soja agridulce. 2 piezas de considerable tamaño, y mucho sabor. Probablemente el mejor dumpling que haya probado hasta la fecha en Madrid. Seguimos con unos rollitos vietnamietas, acompañados de sus hojas de lechuga y menta, y un suave jugo de cilantro y chile que le daba un ligero toque picante. Exquisitos también, y muy bien fritos.

Como segundo plato, tomamos un sugerente pollo barbacoa. Su sabor, textura y acompañamiento lo convertían en una delicia para los sentidos. Lo completamos con un arroz Sudestada, también perfecto de punto y sabor.

Conviene no dejar de probar su postre más reclamado, el vaso de chocalate. Una copa alta, rellena de bolas de helado, brownie, fingers de chocolate y salsa de chocolate caliente. ¡¡Una delicia para los amantes del chocolate!!

Comprenderéis que la sorpresa fue muy agradable. En ese pequeño local, el segundo que abren tras el de Buenos Aires, sirven una comida auténtica, sabrosa y muy bien cocinada. Servicio sorprendentemente amable. Desgraciadamente, los precios no van en consonancia con el local, y me parecieron excesivos, pero con semejante calidad de cocina, los pagué a gusto. Y no dejéis de probar la caipirinha Sudestada!!

Datos prácticos:
Sudestada
Modesto Lafuente, 64
(esq. María de Guzmán)
28003 Madrid
Tel.: 91 533 41 54
Precio medio: € 35
Accesible silla de ruedas (sólo tiene un pequeño escalón en la entrada)

Tulipan (Madrid)

Mucho me habían hablado de esta casa de comidas en pleno barrio de Salamanca, pero nunca antes había tenido la oportunidad de ir, así que me llevé una grata sorpresa cuándo unos amigos nos organizaron una cena aquí.

El comedor es pequeño, estrecho y ruidoso, y el público formado principalmente por hombres de mediana edad. El servicio tosco al principio, pero rápido y profesional. Sorprende que la carta de vinos es cantada.

Nuestro menú consistió en navajas a la plancha, carabineros, ensalada mixta, cecina y fabada con langosta. Repasemos… Las navajas muy frescas y de magnífica calidad. Los carabineros, insípidos y diminutos, parecían langostinos. La cecina muy buena, aunque sorprendió que no tuvieran unas almendras para acompañarla.

En cuanto a la fabada con langosta, que se anuncia como la especialidad de la casa, nos decepcionó enormemente. Las fabes demasiado grandes y de piel áspera-, la langosta despedazada y sin sabor.

Como postre, una selección de tartas, en las que primaba más la cantidad que la calidad y delicadeza.

Apuntamos Tulipán por tanto como una barra interesante (tiene un bar en la entrada) para tomar buenas navajas y buena cecina, pero punto.

Datos prácticos:
Tulipán
General Díaz Porlier, 59
28006 Madrid
Tel.: 91 402 88 26
Precio Medio: € 40
Accesible silla de ruedas

La Fabula (Granada)

La Fábula es un restaurante de corte moderno, que viene a ocupar un espacio en el nuevo hotel Villa Oniria de Granada. Al frente del mismo está Álvaro Arriaga, un joven cocinero donostiarra formado junto a Pedro Subijana en Akelarre.

Lo primero que sorprende en La Fábula es la carta. Son pocas las propuestas que ofrece en los diferentes apartados (entrantes, carnes, pescados y postres), y todas ellas aparentan ser de gran complejidad.

En esta ocasión nos decantamos por el menú degustación. Como aperitivo nos sirvió un vasito de gazpacho que resultaba muy refrescante. A continuación, un langostino rebozado en maíz (que llegó a la mesa mal pelado), acompañado de una ensalada de escarola, tomate y queso idiazabal. Más lograda la ensalada que el langostino. Para seguir, un foie con pan de brioche, gelatina de manzanilla y esponja de manzana verde, La esponja es de los platos más sorprendentes que hemos probado en los últimos tiempos. Sin embargo, el foie era muy mediocre.

Para empezar con los pescados, una decepcionante vieira con papada ibérica sobre una sopa de patata y arbequinas. La vieira salada, la papada demasiado grasienta y falta de carne y la sopa parecía más mantequilla derretida que otra cosa. Como segundo pescado, una lubina al horno con krispis crujientes y setas. Estas le quitaban completamente el sabor al pescado, que por otro lado era bueno, pero demasiado hecho.

Como carne, un lomo de venado (muy duro) con setas (otra vez???), tapioca y membrillo. AL igual que los pescados, decepcionante.

Para terminar, un parfait de chocolate con jugo de coco, fresas rotas y crema ácida helada. Sin lugar a dudas lo más rico de toda el menú. Como vino, un Carramimbre crianza 2006, de Ribera del Duero, demasiado áspero en boca.

Merece mención especial el servicio, de lo peor que hemos visto en años en un restaurante de esta categoría. Los camareros, perdidos por la sala, no eran capaces de explicar ni uno solo de los platos que servían a los comensales, lo cual en un menú degustación sorpresa del chef es aún más agravante.

En definitiva, un restaurante al que aún le falta mucho rodaje, y que de momento ni tan siquiera apunta maneras.

Datos prácticos:
La Fábula
San Antón, 28
(Hotel Villa Oniria)
18005 Granada
Tel.: 958 25 01 50
Precio medio: € 65
Accesible silla de ruedas