
La semana pasada, durante la celebración del Gran Premio de F1 en Barcelona, estuve cenando en El Bulli, en Roses. Os preguntaréis cómo conseguí la mesa. No fui yo, ¡¡¡¡fue mi novia que me organizó la sorpresa por mi cumpleaños!!!! Ahora entraremos en detalles, pero os puedo adelantar que resultó ser la experiencia gastronómica más maravillosa que he tenido en toda mi vida. Pese a todo lo que se ha escrito sobre El Bulli, las miles de copias e imitaciones con que nos castigan cocineros de medio mundo, y mi poca fe en lo que allí hacían, sí reconozco que me hacía mucha ilusión experimentarlo en primera persona.
Al Bulli se llega por una angosta y virada carretera que discurre junto al mar. Un peligroso acantilado acecha a escasos centímetros del borde de la carretera. Cuando por fin se llega a Cala Montjoi, enseguida se comprende que el viaje ha merecido la pena. Una tranquila y escondida cala de la Costa Brava da asilo al que los que lo han probado defienden como "el mejor restaurante del mundo".
Intentaré brevemente describiros el menú con que nos obsequieron. Y digo que intentaré que sea breve, pues fueron más de 30 platos en total. Empezamos con un delicioso cosmopolitan-mallow (la versión Adriá del famoso cóctel) que ayuda a refrescarse y abre el apetito para el suculento banquete que sigue. El cosmopolitan venía acompañado de unas aceitunas obtenidas mediante la técnica de la esferificación inversa. La esferificación o formación de esferas de alginato, es una técnica de cocina creativa desarrollada por Ferrán Adriá.
El proceso es bastante fácil. Se coge el líquido a esferificar (espárragos, manzana, melón...) y se le añade el alginato, mezclándolo muy bien se deja reposar en nevera durante un periodo no inferior a 3 horas. A parte se prepara una solución de agua y cloruro de calcio. A continuación se echan gotas de la mezcla que manteníamos en la nevera, se deja de 3 a 4 minutos y se mantienen en un recipiente adecuado hasta su uso. En este caso, el proceso es el inverso, ya que partimos de las esferas para obtener una aceituna de suave textura y líquida por dentro. ¡¡¡Una maravilla!!! Me alimentaría todos los días de esas aceitunas.
Seguimos con unas deliciosas pepitas de oro, llenas de sabor y que transmitían infinidad de sensaciones de placer a nuestra boca. A continuación, unos profiteroles y merengue de remolacha y yogur, y unas castañas saladas. Tras ellas, una teja de maíz y plátano, que resultó ser una delicia.
Siguieron una de las novedades técnicas de esta temporada: los bizcochos salados. En esta ocasión se trataba de uno de pistachos con mousse de leche ácida y otro de sésamo y miso. Exquisitos ambos.
Acto seguido llegaron a la mesa cuatro impresionantes mariposas heladas de horchata, que preparaban la boca para los platos que iba a seguir a continuación. Bombones de mandarina, cacahuete y curri; fondant de frambuesas con wasabi y vinagre de frambuesa y una almendra cristal con almendruco en su jugo (curiosa composición con la almendra en sus dos versiones, tanto en flor como tostada) y yogur de ostras con Pedro Ximenez en tempura (que yo, alérgico a las ostras, sabiamente cambié por unas deliciosas trufas heladas de zanahoria) fueron llenando nuestros estómagos.
Tras ello, uno de los platos estrella de la noche: judión con panceta reserva Joselito y ajo negro. Nada era lo que parecía, pero todo sabía a lo que debía. ¡Qué impresionante! Merengue de tónica Fever-Trees (esa que precisamente se ha puesto ahora de moda para el gin-tonica gracias a Adriá). Proseguimos con cáscara de gorgonzola, nueces, apio y manzana, y después anchoa con jamón, aire de estevia y almendra tostada. A continuación, ñoquis de polenta.
A partir de este punto, ya no podíamos comer nada. Estábamos absolutamente llenos. Eso probablemente influyó en que los siguientes cuatro platos no nos convenciaran a ninguno de los dos. Espárragos en diferentes cocciones (5 llemas de espárrago cocinadas de muy dispares formas), navajas en escabeche, won-tun líquido y guisantes con puré de alcachofas.
Una vez repuestos ya y recuperado en parte el apetito, emprendimos la travesía final del banquete. Buey de mar de Marrakech, caracoles a la llauna y virutas.
En el apartado postres, la lana 2007 (exquisita sorpresa), frutas escarchadas y violeta (una preciosa recreación de un jardín primaveral, con flores de todos los colores, comestibles).
Nos trasladamos a la terraza junto al mar, dónde me sorprendieron con un gigante pastel de cumpleaños de cartón, con sus velas y todo, y las correspondientes mignardises.
Como vinos (comprenderéis que nos emborrachamos), una botella de Manzanilla Solear, otra de La Cima 2003 (Dominio do Bibei, Ribeira Sacra) y por último otra de Clos Figueres 2000 (Priorat). La Cima, la mejor sorpresa vinícola del año. No dejéis de probarlo, si tenéis la suerte de conseguir alguna de las pocas botellas que quedan disponibles de la cosecha de 2003.
Es dífícil relatar y transmitir sobre el papel lo que supuso la cena en El Bulli. No quiero perderme en adjetivos (la lista, para hacer justicia, sería interminable). Por eso, me dejaréis que simplemente os diga que soy un converso. El Bulli es sin duda el mejor restaurante del mundo. El servicio, también el mejor del mundo.
Datos prácticos:
El Bulli
Cala Montjoi, Roses
Gerona
Tel. 972 15 04 57
Precio medio: € 250
Accesible silla de ruedas
Al Bulli se llega por una angosta y virada carretera que discurre junto al mar. Un peligroso acantilado acecha a escasos centímetros del borde de la carretera. Cuando por fin se llega a Cala Montjoi, enseguida se comprende que el viaje ha merecido la pena. Una tranquila y escondida cala de la Costa Brava da asilo al que los que lo han probado defienden como "el mejor restaurante del mundo".
Intentaré brevemente describiros el menú con que nos obsequieron. Y digo que intentaré que sea breve, pues fueron más de 30 platos en total. Empezamos con un delicioso cosmopolitan-mallow (la versión Adriá del famoso cóctel) que ayuda a refrescarse y abre el apetito para el suculento banquete que sigue. El cosmopolitan venía acompañado de unas aceitunas obtenidas mediante la técnica de la esferificación inversa. La esferificación o formación de esferas de alginato, es una técnica de cocina creativa desarrollada por Ferrán Adriá.
El proceso es bastante fácil. Se coge el líquido a esferificar (espárragos, manzana, melón...) y se le añade el alginato, mezclándolo muy bien se deja reposar en nevera durante un periodo no inferior a 3 horas. A parte se prepara una solución de agua y cloruro de calcio. A continuación se echan gotas de la mezcla que manteníamos en la nevera, se deja de 3 a 4 minutos y se mantienen en un recipiente adecuado hasta su uso. En este caso, el proceso es el inverso, ya que partimos de las esferas para obtener una aceituna de suave textura y líquida por dentro. ¡¡¡Una maravilla!!! Me alimentaría todos los días de esas aceitunas.
Seguimos con unas deliciosas pepitas de oro, llenas de sabor y que transmitían infinidad de sensaciones de placer a nuestra boca. A continuación, unos profiteroles y merengue de remolacha y yogur, y unas castañas saladas. Tras ellas, una teja de maíz y plátano, que resultó ser una delicia.
Siguieron una de las novedades técnicas de esta temporada: los bizcochos salados. En esta ocasión se trataba de uno de pistachos con mousse de leche ácida y otro de sésamo y miso. Exquisitos ambos.
Acto seguido llegaron a la mesa cuatro impresionantes mariposas heladas de horchata, que preparaban la boca para los platos que iba a seguir a continuación. Bombones de mandarina, cacahuete y curri; fondant de frambuesas con wasabi y vinagre de frambuesa y una almendra cristal con almendruco en su jugo (curiosa composición con la almendra en sus dos versiones, tanto en flor como tostada) y yogur de ostras con Pedro Ximenez en tempura (que yo, alérgico a las ostras, sabiamente cambié por unas deliciosas trufas heladas de zanahoria) fueron llenando nuestros estómagos.
Tras ello, uno de los platos estrella de la noche: judión con panceta reserva Joselito y ajo negro. Nada era lo que parecía, pero todo sabía a lo que debía. ¡Qué impresionante! Merengue de tónica Fever-Trees (esa que precisamente se ha puesto ahora de moda para el gin-tonica gracias a Adriá). Proseguimos con cáscara de gorgonzola, nueces, apio y manzana, y después anchoa con jamón, aire de estevia y almendra tostada. A continuación, ñoquis de polenta.
A partir de este punto, ya no podíamos comer nada. Estábamos absolutamente llenos. Eso probablemente influyó en que los siguientes cuatro platos no nos convenciaran a ninguno de los dos. Espárragos en diferentes cocciones (5 llemas de espárrago cocinadas de muy dispares formas), navajas en escabeche, won-tun líquido y guisantes con puré de alcachofas.
Una vez repuestos ya y recuperado en parte el apetito, emprendimos la travesía final del banquete. Buey de mar de Marrakech, caracoles a la llauna y virutas.
En el apartado postres, la lana 2007 (exquisita sorpresa), frutas escarchadas y violeta (una preciosa recreación de un jardín primaveral, con flores de todos los colores, comestibles).
Nos trasladamos a la terraza junto al mar, dónde me sorprendieron con un gigante pastel de cumpleaños de cartón, con sus velas y todo, y las correspondientes mignardises.
Como vinos (comprenderéis que nos emborrachamos), una botella de Manzanilla Solear, otra de La Cima 2003 (Dominio do Bibei, Ribeira Sacra) y por último otra de Clos Figueres 2000 (Priorat). La Cima, la mejor sorpresa vinícola del año. No dejéis de probarlo, si tenéis la suerte de conseguir alguna de las pocas botellas que quedan disponibles de la cosecha de 2003.
Es dífícil relatar y transmitir sobre el papel lo que supuso la cena en El Bulli. No quiero perderme en adjetivos (la lista, para hacer justicia, sería interminable). Por eso, me dejaréis que simplemente os diga que soy un converso. El Bulli es sin duda el mejor restaurante del mundo. El servicio, también el mejor del mundo.
Datos prácticos:
El Bulli
Cala Montjoi, Roses
Gerona
Tel. 972 15 04 57
Precio medio: € 250
Accesible silla de ruedas
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